5 oct. 2014

Marató Rialp Matxicots 2014. No pudo ser!


  Pasadas ya dos semanas ha llegado el momento de analizar mi primera experiencia en una maratón de montaña y quiero empezar enumerando los errores más graves que he cometido y que me llevaron a no poder acabar la prueba y tener que retirarme a tan sólo 4 kilómetros de la meta:


- No tenerle suficiente respeto a una prueba como ésta y creer que la acabaría sí o sí.

- No entrenar lo suficiente (aunque prácticamente podría decir no entrenar en absoluto).

- No usar bastones.
- No beber sales suficientes durante la primera parte de la prueba.

  En el lado contrario, mi único mérito fue ser capaz de llegar hasta donde llegué teniendo en cuenta que empecé a plantearme retirarme en el kilómetro 15.

  Y dicho esto, empecemos!

  Ya hacía tiempo que me rondaba la cabeza la posibilidad de participar en mi primera maratón de montaña y finalmente elegí la Rialp-Matxicots por la ventaja logística de poder alojarme en casa de mis tíos a aproximadamente 20 kilómetros de la salida de la prueba.

Recorrido y altimetría de la carrera
  Me inscribí después de un período de inactividad runner casi total de 5 meses que se prolongaba desde mi debut en la Maratón en Tarragona el enero pasado, por lo que era el momento de ponerse las pilas y empezar a entrenar, pero siempre encontraba excusas para ir saltándome entrenos y finalmente llegué a la prueba con una tirada de 16 km y unos 800m de desnivel positivo como entreno más largo. Un bagaje con el que me debía enfrentar a 42 kilómetros (finalmemte serían 45 debido a una modificación en el recorrido) con 3000 metros de desnivel positivo en los que se coronan dos picos de 2800 metros. Sorprendentemente, me encontraba muy tranquilo y me "resguardaba" en la frase de la organización que decía que el límite de tiempo de la prueba era suficiente para hacerla andando rápido.

Recogida de dorsales
  El viernes 19 de Septiembre nos plantamos en Rialp y tras recoger el dorsal, la bolsa del corredor y el chip, acudimos al briefing donde el staff de la prueba analizó el recorrido dando algunas indicaciones de lo que nos encontraríamos y comentando los horarios de paso y, lo que resultaría muy importante para mi al día siguiente, los puntos donde poder retirarse, ya que al tratarse de un recorrido de difícil acceso no puedes hacer como en las carreras de asfalto y retirarte donde te de la gana.

  El sábado a las 4 de la mañana me levanté para desayunar y salimos hacia Rialp donde antes de la prueba había que pasar el control del material obligatorio. Llegamos bastante justos de tiempo por lo que no me hicieron pasar el mismo y pasé directamente a situarme en la salida. Consciente de mi estado de forma, me coloqué en la parte trasera esperando al pistoletazo.

Equipado para la carrera
  A las 6 de la mañana se dio la salida (la prueba extrem de 82 km había salido una hora antes) y tras una vuelta neutralizada al pueblo de Rialp (a unos 750 metros de altitud) empezamos a recorrer los primeros caminos de la prueba dirección a Altrón. Obviamente era de noche así que por primera vez estaba corriendo con un frontal sobre mi cabeza. Sé que tendría que haber hecho algún entreno con él y el no haberlo hecho podría haber supuesto otro de los errores de la lista de arriba, pero, por suerte, me resultó realmente cómodo y no me molestó en absoluto.

  Tras una pequeña subida con su posterior bajada de vuelta hasta el río, cruzamos un puente en fila de a uno y comenzamos lo que sería un ascenso casi constante que nos llevaría hasta el pico del Montsent de Pallars de 2882 metros.

  Eran los primeros kilómetros de carrera y todo iba perfecto. Al igual que la gran mayoría de los participantes que se encontraban en mi zona, aprovechaba los tramos llanos, de bajada o de muy ligera pendiente para correr y en cuanto las cuestas se intensificaban un poco comenzaba a caminar.

  Antes de llegar a Llesui (a unos 1400 metros de altura) me encontraba más o menos sólo y probé a apagar el frontal. Aún no había amanecido pero el día ya clareaba y la luz era suficiente para encarar los tramos lentos. En los pocos tramos de bajada volvía a encenderlo para evitar una caída. La verdad es que siempre me ha gustado moverme en la "oscuridad" utilizando la poca luz natural que haya y disfruté mucho esa parte de la carrera mientras el sol empezaba a asomar por detrás de las montañas.


Una pequeña parada para fotografiar el amanecer

  Pasado Seurí, llegué a Llesui donde esperaba el primer avituallamiento con agua, Coca Cola, Aquarius, almendras, gominolas, naranjas, plátanos... Comí y bebí algo, seguí mi camino y mientras informaba por
whatsapp a mi familia de donde estaba, me despisté y me salí del recorrido por una calle del pueblo equivocada. Me di cuenta enseguida y tras bajar los 50 metros que había subido, retomé el circuito marcado para dirigirme a la base de lo que antaño fuera una estación de esquí.

  Voy a desviarme un poco de la crónica para recomendar que, si algún día estáis por la zona, os acerquéis hasta aquí. Es curioso ver los arrastres y telesillas todavía colgando de sus cables y, si subís hasta lo que fuera la cafetería, todavía encontraréis vasos de cartón con el logotipo de la estación. Por otro lado, desde hace poco, una empresa local permite subir en invierno en ratrac para esquiar por lo que fueran las pistas.

  Volviendo a la carrera, era el momento de dejar las pistas y empezar a recorrer senderos por las laderas de hierba que se dirigen hasta el Coll del Triador, desde donde se encara el primer pico.


Abandonando las pistas para empezar a subir de verdad
  Éste habría sido un buen momento para empezar a tomar electrolitos para mantener los músculos a tono, pero, como me sentía bien, tan solo bebí agua y me comí la primera barrita energética y una gominola (opté por gominolas Nutrisport en lugar de geles).

  Rodeados de vacas, caballos y burros seguimos subiendo para encarar la última parte del ascenso donde desparecían los senderos y había que seguir campo a través.

  Hacía ya algunos kilómetros que se vislumbraba el segundo avituallamiento (formado por dos todoterrenos situados en la pista forestal del Coll del Triador), pero parecía que no llegaba nunca. Con las manos en las rodillas para ayudarme a subir, comencé a darme cuenta de que había sido un gran error no usar bastones. La cosa se empezaba a poner sería y el haber dispuesto de dos apoyos más habría sido una bendición.

  Finalmente llegué al avituallamiento y me surtí bien de agua, almendras y naranja para seguir el ascenso. El Montsent de Pallars presidía la vista y los participantes de la carreras se perdían de vista en su ladera, lo que te hacía apreciar el tamaño del reto que tenías por delante.

Los participantes llegando al segundo avituallamiento
  Tras otro tramo campo a través, era el momento de seguir la cresta de la montaña (y el cable electrificado que la recorre separando el ganado del Pallars del de la Vall Fosca) para dirigirnos a los pies del pico. Aún quedaban unos 800 metros de desnivel positivo por delante para hacer cima!

 Tras pedir que me sacaran una foto, seguí el ascenso y poco a poco empezaron los problemas. Ya fuera por culpa de la falta de oxígeno debida a la altura, por la falta de entrenamiento o por lo que sea, me costaba más avanzar. A medida que la pendiente iba in crescendo, mi ritmo bajaba y la cosa empezó a empeorar cuando noté un calambre en el cuadriceps. Cada zancada que daba con la pierna derecha parecía que iba a explotarme el muslo, por lo que paré y empecé a estirar. Retomé la subida sin quitar las manos de las rodillas para minimizar el esfuerzo de las pierna y empecé a forzar más la pierna izquierda para evitar que la derecha fuera a peor. Consecuencia: calambres en la izquierda.

Posando delante del Montsent. Aún no era consciente de lo que me quedaba por delante
  Cada pocos metros paraba para estirar y seguía subiendo poco a poco, pero la posibilidad de retirarme empezó a rondar mi cabeza. Estaba de muy mal humor, cabreado conmigo mismo por no haber hecho los deberes y estar planteándome retirarme sin haber llegado no siquiera a coronar el Montsent.

 Como ya he comentado antes, en esta carrera no puedes abandonar donde quieras y, a no ser que sufras una lesión, en cuyo caso se puede llegar a movilizar un helicóptero para el rescate, has de acudir por tus propios medios a un punto habilitado de retirada. En mi caso, tenía dos opciones: volver a bajar hasta el Coll del Triador o seguir adelante y, tras pasar por el Montsent y el Montorroio (el otro pico de más de 2800m) bajar hasta el Pas de la Mainera. En ese momento me encontraba más cerca de la cima que del avituallamiento anterior y viendo que los estiramientos y las sales que iba tomando parecían funcionar, decidí seguir adelante con la idea de preguntar arriba si había alguna forma de llegar a la Mainera sin subir al Montorroio.

  La pendiente seguía incrementándose y al poco tiempo me encontré subiendo a cuatro patas como una lagartija. Iba parando cada pocos metros para estirar un poco y seguía hacia arriba como podía con la mirada puesta en las piedras de delante mío sin apenas levantar la cabeza para no ver cuanto me faltaba para llegar arriba. Poco a poco se reducían los metros que faltaban hasta que finalmente conseguí llegar arriba y mi sorpresa fue que aún no estábamos en la cima! Todavía faltaba un tramo más de subida aunque más suave que lo anterior.

  Finalmente conseguí llegar a lo más alto y pude disfrutar de unas vistas increíbles en todas las direcciones. Los "estanys" del Parc Natural d'Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, los picos de la Vall d'Aran, el Pic del Orri (hacia el que en ese momento ya estarían subiendo algunos de los participantes de la extrem) e incluso, en la lejanía, se divisaba Montserrat con su inconfundible silueta.

En la cima del Montsent con el Parc Nacional d'Aigüestortes i Estany de Sant Maurici al fondo
  Pedí a uno de los miembros de la organización que me sacara una foto para que quedara constancia de que había llegado hasta aquí y le pregunté si había forma de acortar hasta La Mainera con la clara idea de retirarme allí, pero me dijo que no era posible ya que rodear el Montorroio era complicado, así que no me quedaba otra que seguir en carrera.

  Llegados a este punto, me daba miedo ver cómo responderían mis piernas en la bajada y me sorprendió ver que, al menos de momento, no iba demasiado mal, así que empecé a bajar poco a poco con la mirada puesta en el siguiente objetivo: Montorroio.

  En el tramo de bajada coincidí con una chica que me preguntó qué tal iba y cuando le explique cómo me encontraba me sugirió que la siguiese diciéndome que ella iba a ritmo lento, pero seguro. Y así lo hice. Poco a poco, mientras íbamos hablando y ella me iba comentando el terreno que teníamos por delante (ya había participado el año anterior) llegamos al Montorroio más fácil de lo esperado y aquí esperaba una sorpresa ya que la organización había decidido cambiar el recorrido de bajada hasta el avituallamiento haciéndolo más bonito, pero también más largo.

  Rodeamos el Montorroio y paramos un momento para hacer unas fotos con el Estany de La Mainera al fondo. Yo aproveché para informar a mi familia de que la cosa ya no iba tan bien y que era muy posible que me retirara mientras ella iba bajando. Empecé la bajada por la tartera del Montorroio (para los que no sepan lo que es una tartera, entre los que me encontraba hace pocos días, es una bajada de piedra suelta) sintiéndome bastante mejor por lo que me lancé bastante a lo loco con la intención de recuperar algo del tiempo perdido en la subida al Montsent (el último kilómetro de ascenso lo hice en 50 minutos!) y al final de la tartera, cuando el recorrido volvía a avanzar por prados de hierba, di alcance nuevamente a Yolanda y me volví a poner a su rueda. Hicimos prácticamente el resto de la bajada hasta el pas de La Mainera juntos aunque al final no pude seguirla y menos aún después de parar detrás de una roca a vaciar parte de los líquidos ingeridos.

Desde la bajada: en primer plano el Montorroio y a la derecha el Montsent
 Llegué al avituallamiento y comí y bebí de todo: naranja, aquarius, agua, frutos secos, chocolate una "llesca de pa amb tomaquet" con jamón serrano... Y decidí intentar llamar para comentar a mi familia como me encontraba, pero no tenía cobertura.

  De aquí en adelante me tocaba seguir solo ya que la que había sido mi liebre en los últimos kilómetros ya había re-emprendido la marcha, pero quiero desde aquí agradecerle el apoyo que me dio porque si no me habría costado muchísimo más llegar hasa este punto. Por delante me esperaban 2 kilómetros de pista forestal en suave ascenso y a partir de ese momento empezaba la larguísima bajada de unos 10 km hasta Caregue, por lo que finalmente decidí seguir adelante pensando que como la gran mayoría era bajada, conseguiría llegar hasta allí.

  Recorrí la pista andando (en ese momento lo de correr ni se me pasó por la cabeza) y empecé la bajada mientras hablaba por teléfono una vez recuperada la cobertura y recuerdo perfectamente mi frase : "estoy convencido de que llegaré hasta la meta, lo que no sé es si lo haré dentro del tiempo límite". Al poco tiempo de colgar mi opinión había cambiado totalmente viendo lo que me costaba bajar por las escarpadas pendientes de hierba. No podía correr, pero andar era casi peor!!! Después de no sé cuantos kilómetros anhelando la bajada ahora suspiraba por encontrar algún llano o incluso subida!

 Fui bajando como pude, parando cada poco y planteándome pequeños retos para seguir avanzando: corre hasta ese árbol, no pares hasta llegues a aquella valla... Realmente lo estaba pasando mal y el llevar unos cuantos kilómetros (desde que salí del avituallamiento) sin ver a ninguna otra persona ni por delante ni por detrás me empezó a poner nervioso. Por suerte la organización había hecho un gran trabajo marcando el recorrido, por lo que era prácticamente imposible que me perdiera.

  Después de unos tres kilómetros de dura bajada, la pendiente se suavizaba y proseguía por un sendero. Mis piernas se pudieron relajar un poco e incluso empecé a correr pequeños tramos, no por ganar tiempo al reloj, si no para activar los músculos y desagarrotarlos.

 Llegué al punto de control de la Mare de Deu de Caregue y uno de los miembros de la organización me animó diciéndome que iba bien de tiempo y que me quedaban sólo 2 kilómetros para el próximo avituallamiento. También me indicó que unos metros más adelante había una fuente donde poder beber y en la que protagonicé la anécdota tonta del día: fui a beber, pero cuando acercaba la boca al agua esta dejaba de salir! Tardé tres intentos en darme cuenta de que el agua estaba cayendo en mi gorra y que por eso no me llegaba a la boca! Esto da cuenta de lo hecho polvo que estaba. Por suerte, parece ser que no había nadie cerca para registrar el momento con su móvil!

  Seguí hasta Caregue y recibí el apoyo de los voluntarios del avituallamiento mientras descansaba sentado en una piedra. Me informaron que me quedaban unos 10 kilómetros hasta la meta pero yo sólo podía ver la Serra de Posa que se encontraba a medio camino.

  Desde Caregue, el siguiente pueblo, Escás, queda a pocos metros en línea recta, pero para llegar había que bajar hasta el río y volver a remontar lo descendido para seguir subiendo hasta el último alto de la carrera. En total, por delante quedaban unos 400 metros de desnivel positivo. Bajé a ritmo suave y empecé la subida con las piernas realmente cansadas. Me costaba bastante avanzar, pero poco a poco iba tirando hasta que llegué a Escás y tras atravesar sus escarpadas calles seguí subiendo. Cada vez me costaba más subir por lo que decidí parar un poco, estirar y beber y seguí adelante. Pero a los 100 o 200 metros tuve que volver a parar. Esta vez me senté en una roca y, además de beber, comí una gominola energética y unos frutos secos.

  Vuelta a ponerme en pie y para arriba... Y vuelta a parar! Volví a sentarme y, a la desesperada, me comí el plátano que llevaba y una barrita energética para ver si conseguía reanimar las piernas, pero tras sólo 50 metros más me sentí incapaz de seguir subiendo. Miraba hacia arriba intentando ver cuanta subida me quedaba por delante, pero no era capaz de dar un paso hacia arriba, por lo que tuve que tomar la decisión de retirarme estando tan y tan cerca de conseguirlo! Ya sólo me quedaba desandar el camino recorrido desde Escás y avisar a la organización de que me había retirado.

 A medida que volvía sobre mis pasos me iba cruzando con los últimos participantes que seguían aún en carrera y todos intentaban convencerme de que siguiera adelante, que no me diera por vencido, pero mis piernas habían dicho "hasta aquí". Poco a poco fui bajando y finalmente me encontré con los miembros de la organización que cerraban la carrera quienes me indicaron donde debía esperar al coche que vendría a recogerme y me llevaría de vuelta a Rialp, donde, tras entregar el chip vi el "embutido de finisher" (en lugar de la habitual medalla) que no me había ganado.

Esperando a que me recogieran en Escás eché esta foto del Montsent, por donde había pasado unas horas antes
 Y ahí acabó mi primera experiencia en una maratón de montaña con una mezcla de decepción por no haber conseguido mi objetivo, enfado por todos los errores cometidos, alegría por la experiencia vivida y los paisajes recorridos y cierto orgullo por haber llegado hasta donde llegué a pesar de que la sombra de la retirada me había rondado desde hacía muchos kilómetros.

  No he acumulado una carrera terminada más, ni el punto clasificatorio para la Ultra del Montblanc que se otorgaba a los finishers, pero si una nueva experiencia que sin duda me servirá para la próxima Maratón
de montaña (que seguro que la habrá).

  Ahora toca mirar adelante a mi próximo reto el 18 de Enero cuando repita Maratón en Tarragona con la intención de bajar de 3:45. Toca ponerse las pilas (y mucho) si no quiero quedarme otra vez a las puertas de mi objetivo.

-Recorrido de la carrera en Wikiloc




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